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En un extraño giro de los acontecimientos, la última tendencia de Londres consiste en dejar malas reseñas sobre los lugares turísticos más populares, con la esperanza de disuadir a los visitantes y disfrutar de estos lugares sin multitudes. Sin embargo, esta táctica equivocada está teniendo el efecto contrario.
Los autores de estas reseñas negativas creen que al pintar una imagen sombría de los sitios turísticos icónicos, pueden hacer que los turistas potenciales se lo piensen dos veces antes de visitarlos. Esperan que las advertencias sobre multitudes abrumadoras, precios exorbitantes y experiencias decepcionantes desanimen a los viajeros y les permitan disfrutar de estos lugares en relativa soledad.
Sin embargo, este comportamiento egoísta pasa por alto el hecho de que los sitios turísticos son una fuente vital de ingresos para las empresas locales y contribuyen al sustento de muchos londinenses. Su deseo de tener experiencias turísticas exclusivas a expensas de otros es, en última instancia, perjudicial para la economía y la comunidad.
Contrariamente a la intención original, las malas reseñas en realidad están llamando más atención sobre los sitios turísticos. Al generar controversia y despertar la curiosidad, estas reseñas provocan que más personas visiten estos lugares solo para ver si las afirmaciones negativas son ciertas.
Además, estas reseñas pueden tener el efecto contrario al desafiar la mentalidad de rebaño. Al leer críticas negativas, algunos viajeros pueden sentirse inclinados a visitar los sitios en cuestión solo para demostrar que la experiencia no es tan mala como se describe. Esto lleva a un aumento del turismo, no a una disminución.
Las malas reseñas pueden dañar la reputación de los sitios turísticos y las empresas circundantes. Los turistas potenciales pueden optar por visitar destinos alternativos con mejores críticas, lo que lleva a una pérdida de ingresos y oportunidades para los negocios locales.
Las malas reseñas también pueden desincentivar a las empresas para que mejoren sus servicios. Al tener éxito en mantener bajas las multitudes, los operadores no sentirán la necesidad de abordar las quejas planteadas en las reseñas negativas. Esto lleva a un círculo vicioso de bajos estándares y experiencias turísticas decepcionantes.
La tendencia de dejar malas reseñas para disuadir a los turistas es miope y perjudicial. No solo fracasa en su objetivo, sino que también daña la economía local y la reputación de los sitios turísticos. Los viajeros que buscan experiencias turísticas enriquecedoras deben resistirse a esta tendencia y en su lugar buscar información equilibrada y objetiva sobre posibles destinos.